Paulmann y el Tamaño de la Ambición

Mucho se ha hablado estos días sobre la vida, ejemplo y legado de Horst Paulmann, fundador de Jumbo y Cencosud. Yo quisiera resaltar el tamaño de su ambición y su mentalidad infinita como un aspecto central. Se suele hacer referencia a dónde llegó considerando desde dónde comenzó, pero bien vale la pena ponerle nombre a esa fuerza que lo explica.

Si hay algo que nos falta en Chile (y Latam) para dar el salto al desarrollo, es tener más empresas de mayor tamaño. Son las que pagan los mejores sueldos, tienen más capacidad para innovar, pagan más impuestos, suelen cumplir mejores estándares, etc. En concreto, de acuerdo a datos del SII, en Chile tenemos un poco más de 1 millón 200 mil empresas, de las cuáles menos de 500 facturan más de US$1.000 millones. Alrededor de 1.000 tienen 1.000 trabajadores o más.

Para tener empresas mas grandes aquellos que las fundan y lideran tienen que partir por quererlo y creer que es posible. Luego, estar dispuestos a trabajar día a día en consecuencia. Pues bien, Horst Paulmann fue la encarnación de esa convicción y tengo que decir, es un rasgo muy difícil de encontrar. Más allá del individuo, mi interpretación es que no hemos desarrollado ese elemento en nuestra cultura empresarial.

Pero la otra cara de la ambición de Paulmann, para mí es su mentalidad infinita tomando el libro The Infinite Game de Simon Sinek. Su historia es reflejo de cómo un enfoque de largo plazo, la convicción por una causa más que metas concretas, la mejora permanente y una visión sin límites pueden transformar una industria y generar un impacto duradero.

 

El Concepto de “Infinite Game” de Simon Sinek

The Infinite Game de Simon Sinek plantea que en los negocios y en la vida existen dos tipos de juegos: los finitos, con reglas fijas y un objetivo claro (como el fútbol, donde se gana o se pierde), y los infinitos, donde no hay un final definido y el propósito es seguir jugando y evolucionando.

Tomando esta idea, en los negocios existen dos tipos de jugadores: aquellos con una mentalidad finita, que buscan ganar en el corto plazo y vencer a su competencia, y aquellos con una mentalidad infinita, que ven el negocio como un juego sin final, enfocado en el crecimiento continuo, la adaptación y la construcción de un legado. Los empresarios con esta mentalidad no están obsesionados con derrotar a otros, sino con evolucionar constantemente, aportar valor y mantenerse en el juego el mayor tiempo posible. Por cierto que compiten, pero de otra forma, con otro sentido, entendimiento y horizonte.

Los empresarios con mentalidad infinita asumen que el valor que quieren agregar es imposible o no tiene ni sentido acotarlo a una meta especifica, un horizonte de tiempo, un monto de facturación, un número de trabajadores, locales o países. Más aún, tampoco a un producto específico y ni siquiera a una marca. Hay un “algo”, un valor, un sueño en constante evolución, que ni siquiera piensan en acotar. Todo lo contrario.

Desde una ambición al servicio del valor que se quiere agregar resulta más fácil entender porqué lo fundamental para estos empresarios son la visión o causa, la cultura y el talento, la marca y el ánimo societal. Todo el resto son condiciones necesarias, pero no el corazón del juego.

 

Cuando el juego se hace verdadero.

Años atrás nos hicimos la pregunta en Gudcompany sobre los elementos que nos hacían evaluar rápidamente qué empresas pensábamos que tenían un alto potencial por su forma de ser concebidas. Sentíamos que las categorías tradicionales de evaluación de empresas y negocios estaban dejando algunas variables críticas fuera.

Llegamos a lo ahora llamamos un Modelo de Madurez Estratégico, basado en 10 variables y 5 niveles. Uno de ellos, el tamaño de la ambición. ¿Qué se imagina, sueña y busca en términos de facturación, países, trabajadores, lineas de negocio, otras empresas? ¿Cuál es la zona de confort? ¿Es independiente del bienestar financiero personal? ¿Tiene un horizonte? ¿Cuál es la real motivación? ¿El exit? ¿Qué riesgos se está dispuesto a correr? Para quienes trabajamos con empresas y organizaciones de distintos tamaños, esta sola variable y las respuestas a estas preguntas explican de manera determinante lo que ocurre, podría ocurrir y valdría la pena empujar. Así de simple.

Lamentablemente, creo que estamos al debe aún. Hay un grupo de grandes empresarios que van con todo. Hay otro grupo de emprendedores jóvenes que uno podría creer que también. Seguramente porque desde Chile habitan más, o también, en la cultura global de las startups. Y súmale otras excepciones, pero dicho de otra forma, todavía no es parte de nuestra cultura empresarial. No se ha democratizado esa mentalidad ni ese tamaño de ambición. El de Paulmann.

Para cerrar, mi reconocimiento a su legado e historia. Necesitamos mucho más de eso para tener un mejor país. Que algo de ese espíritu habite en cada emprendedor y empresario. Sin más, me quedo son su frase emblemática: “Lo mejor está por venir”.