Autor: Francisco Cerda / Fundador y Director Ejecutivo

Sabemos que las crisis traen pérdidas y dolores como también oportunidades, aprendizajes y crecimientos. Pero no es sólo azar un destino u otro. Las organizaciones, todas, independiente del fin que tengan, son sistemas vivos que tienen en su estructura las características que determinan su capacidad para sobrevivir (o no) a las crisis. El concepto más usado para referir a esta capacidad intrínseca es el de Resiliencia Organizacional…
aludiendo a su potencial de anticipar, responder, sobreponerse y salir adelante ante una amenaza externa. En Gudcompany preferimos hablar de Madurez Organizacional, porque en nuestra perspectiva y experiencia, dicha capacidad radica en atributos permanentes de las organizaciones, que están tanto a la base de la resiliencia ante amenazas externas, como de generar más valor, más impacto y ser más sostenibles.

Con Madurez Organizacional nos referimos al nivel de evolución de una organización en base a un conjunto acotado de elementos críticos, que articulados coherentemente, explican la capacidad de las empresas y organizaciones, de generar valor significativo, con un mayor impacto y de manera sostenible. Esa evolución y coherencia es la que está detrás de grandes innovaciones, crecimientos exponenciales, la generación de valor sostenido en el tiempo, y un impacto positivo en la sociedad. Por supuesto, el nivel de madurez incluye la capacidad de sobrevivir o incluso encontrar oportunidades y salir fortalecidos de diversos tipos de crisis.

Hay numerosos casos de cómo organizaciones y empresas han enfrentado crisis, muchas fracasando y unas pocas sobreviviendo. En los MBA hay cursos completos que hablan de ellos. Dentro de los consejos más relevantes, está la transparencia y oportunidad comunicacional desde el principio; asumir responsabilidad, no descartar escenarios, si hay que equivocarse, hacerlo hacia la sobre reacción en vez de la pasividad o la negación, trabajar en coordinación y alianza con las autoridades, cuidar al talento, velar por la reputación de largo plazo, formar equipos ad hoc, hacer de cada líder un canal comunicacional en ambos sitios, entre otras..

Sin embargo, esas buenas prácticas para hacer frente a una crisis necesitan de ciertas condiciones a la base para ser ejecutadas. Estas condiciones dependen del nivel de Madurez Organizacional, puesto en juego en tiempos de crisis. En nuestra experiencia de consultoría con más de 70 clientes de distintas industrias, sectores y tamaños, y muy claramente desde el llamado estallido social en Chile y ahora con la crisis del COVID-19, este nivel de madurez resulta crítico al momento de aventurar quiénes saldrán peor o mejor parados en el futuro. Qué organizaciones desaparecerán y quiénes saldrán fortalecidas. Pero también para orientar los esfuerzos ante la crisis o derechamente iniciar un proceso de desarrollo y transformación.

También es importante recalcar que como todo organismo vivo, las organizaciones viven en determinados ecosistemas, por lo que variables de contexto constituyen tanto amenazas, como oportunidades, y dictan el estándar esperado de comportamiento y operación. En esta línea, vemos que en el caso de las empresas al día de hoy, tener un propósito genuino más allá de la maximización de valor económico para el accionista, y liderazgos conectados con ese propósito, es esencial. Que puedan moverse con un buen balance entre la tarea y las personas, y el corto y el largo plazo. Líderes con una alta capacidad de leer el entorno y el contexto, a partir de inputs de actualidad, historia, sociología, o literatura, por ejemplo. En esta línea, si propósito, estrategia y liderazgo resultan esenciales en estos momentos, es crítica la diferencia que pueden marcar buenos Gobiernos Corporativos, como otro elemento de Madurez Organizacional que marcará la diferencia. En ellos recaerá la capacidad y responsabilidad de no claudicar a los valores, al buen comportamiento ético, el cuidado de las personas, y sostener el buque mirando el largo plazo.

La Madurez Organizacional se juega también hacia fuera. En este sentido es clave entender la propuesta de valor a partir de la necesidad o deseo a satisfacer, más allá de nuestro producto o servicio. Consecuentemente, una marca reconocida por su compromiso con una comunidad de clientes (actuales y potenciales) a partir de sus promesas y genuino interés de servir. También nos indica la experiencia, que aquellos que se entienden dentro de un ecosistema en el cual cultivan relaciones de reciprocidad basadas en la confianza y contribución mutua, cuentan con más apoyo, recursos, y flexibilidad para adaptarse en tiempos de crisis. Ese mismo entendimiento está a la base de una mayor consciencia del impacto negativo que pueden generar en otros (y se hacen cargo), pero también las oportunidades de impacto positivo. En definitiva, vemos en la Madurez Organizacional un conjunto de atributos de distinta naturaleza que en un alto nivel de desarrollo y coherencia, constituyen el potencial a la base de toda empresas y organización.

Quisimos compartir nuestra experiencia al respecto y ayudar en lo que sea posible. Al menos tomando conciencia al respecto e iniciando la conversación. Pensamos que un auto diagnóstico, un set de definiciones y recomendaciones precisas, junto con un benchmark de otras organizaciones, pueden ser de gran ayuda. Nuestro propósito es contribuir a construir una mejor sociedad a través de mejores empresas y organizaciones. En tiempos de crisis esta ambición se pone particularmente en juego.

 

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