Hacia un e-commerce más sostenible

Aug 13, 2020Impacto, Madurez Digital

Autor: Felipe Machado.

Sociólogo y PhD en Economía

Director de Consultoría en Gudcompany

Desde que comenzó la pandemia las medidas de prevención del COVID-19 han impulsado un aumento exponencial del e-commerce a nivel global. Amazon, el gigante del comercio electrónico, reportó un boom de 26% de sus ventas en comparación con el mismo periodo del año pasado (nota 1). En EE. UU., las ventas en línea aumentaron en 3 meses lo equivalente a su crecimiento en los últimos de 10 años (nota 2). En América Latina, más de 13 millones de personas hicieron su primera compra en línea (nota 3). Y en Chile, los datos de la Cámara de Comercio de Santiago indican que el comercio online ha aumentado más de un 150% en este período de crisis sanitaria (nota 4).

El aumento exponencial del e-commerce nos plantea con urgencia la pregunta por los riesgos y oportunidades de este canal de venta de bienes y servicios vía Internet en términos de desarrollo sostenible. Los principales riesgos asociados a su impacto medioambiental son la generación de desechos por el material que se utiliza para el embalaje o packaging y la generación gases de efecto invernadero relacionado al transporte de los productos. Los principales riesgos asociados a su impacto social son la debilitación del comercio local y la pérdida del anclaje territorial de la actividad económica.

Esta columna se centra en identificar los impactos ambientales y en plantear ideas para que las empresas logren implementar y desarrollar un e-commerce más sostenible a través de la disminución del impacto ambiental de los productos que se comercializan, así como de los medios de comercialización y distribución de los mismos.

Con relación a la disminución del impacto del producto, la respuesta para un comercio electrónico más sostenible viene de la economía circular. La economía circular implica repensar el modelo de producción y comercialización con el fin de optimizar la utilización de los recursos naturales y limitar la generación de desechos. Su desafío es producir más y mejores bienes y servicios, pero utilizando menos recursos. Esto implica pasar de un modelo lineal, donde extraemos materia prima, la transformamos en productos, utilizamos los productos por un tiempo, y finalmente lo botamos a la basura; a un modelo circular donde concebimos productos que duren más tiempo y puedan ser reparados, ofrecemos nuevas formas de consumo que privilegian el derecho al uso por sobre el derecho de propiedad (como en el caso de las bicicletas y patinetas públicas), promovemos la reparación y la segunda vida de los productos, reciclamos las partes de los productos cuando ya no lo necesitamos, y privilegiamos anclar el proceso productivo y de consumo en el territorio.

Con relación a la comercialización y distribución, la respuesta para una venta en línea más sostenible viene de estrategias que optimizan la utilización de los materiales del packaging y minimizan la emisión de carbono del transporte. Por un lado, la optimización de recursos en el packaging se logra aplicando el concepto de las “3 R”, es decir, Reducir la cantidad de envoltorio, caja y cinta adhesiva, Reutilizar los envoltorios y las cajas, y finalmente, Reciclar el plástico, el papel y el cartón que no se pueda reutilizar.

Por otro lado, la minimización de las emisiones de gases de efecto invernadero del trasporte se logra privilegiando medios de trasporte con cero o baja emisión de CO2 (como los servicios de última milla eléctricos) o ofreciendo al cliente el servicio de compensar las emisiones de carbono relacionadas a su compra.

Ahora, ¿qué ganan las empresas que incorporan estas prácticas sostenibles de e-commerce? Aunque muchas veces se piensa lo contrario, la mayoría de estas medidas muchas veces implican reducir costos y no necesariamente significan que el producto o el envío sea más caro. El modelo de economía circular y el principio de las “3 R” logran reducir costos relacionados al manejo de desechos, a la compra de materia prima y a la producción y envío de productos. Sin embargo, en la medida en que más empresas se suman a este canal de venta y el comercio electrónico pasa a ser un commodity , surge la necesidad de diferenciarse, y una oferta más sostenible parece ser un atributo valorado crecientemente por los consumidores.

En este sentido, un estudio reciente sobre marketing muestra que uno de los impactos de la crisis del COVID-19 es que los consumidores están más sensibles al propósito y al impacto social y ambiental de las marcas (nota 5). Ya pasamos la época en que la preocupación por la utilidad social, los valores y el impacto de las empresas y sus marcas era una tendencia incipiente y restringida a los grupos económicos más acomodados. Las encuestas muestran que cada días más consumidores se están fijando en el impacto social y ambiental de las empresas y que el comportamiento de las empresas durante la crisis tendrá un efecto en la confianza que las personas tengan en una marca. En este sentido, el marketing tendrá que apoyarse en el propósito de las empresas y demostrar su compromiso con la sociedad. El e-commerce sostenible es una manera de mostrar este compromiso.

Nota 1 – The Guardian, 30 de abril 2020, theguardian.com.
Nota 2 – McKinsey, 30 julio 2020, mckinsey.com
Nota 3 – Visa, 20 de mayo 2020, visa.com
Nota 4 – Cámara de Comercio de Santiago, 29 de mayo 2020, ecommerceccs.cl
Nota 5 – McKinsey, 20 julio 2020, mckinsey.com

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