Cuarta revolución industrial: ¿en qué nos atañe y cómo prepararnos?

por: Pilar Paris y María José Onetto

La Cuarta Revolución Industrial es una revolución que nos atañe porque está haciéndonos cambiar a todos, de manera abrupta y radical en nuestras formas de funcionar como sociedad, economías, industrias, formas de trabajo y de ser-en-el-mundo, con una velocidad y exponencialidad propias respecto de las revoluciones anteriores. 

Así como la primera revolución industrial enfrentó el desafío de ir dejando atrás el modelo feudal en pos de la industrialización (producción mecánica, ferrocarril y motor a vapor); la segunda, dio paso al capitalismo como nuevo orden económico y comercial (producción en masa, electricidad y cadena de montaje). Por su parte, la tercera revolución industrial, con el desarrollo informático e internet, permite mutar desde un foco en el producto físico hacia el valor de la información intangible.

Pero, ¿qué implica hoy la cuarta revolución industrial? Esta revolución combina la convergencia de distintas tecnologías físicas, digitales y biológicas, transformando de forma rápida y disruptiva todas las industrias y profesiones tales como las conocemos hasta hoy; desde la desaparición de algunas ocupaciones hasta la creación de nuevas y significativas mejoras de otras existentes.

Si bien, se generarán nuevas industrias, productos, servicios y necesidades; todo pareciera indicar que esta revolución industrial está adoptando una forma en la cual la velocidad de destrucción de empleos está siendo mayor que la generación de puestos de trabajo nuevos; por lo que, no sólo es crítico disminuir el riesgo de inestabilidad social (si aumenta la brecha de quienes se sienten favorecidos y desfavorecidos con los cambios), sino también, es un imperativo ético hacernos cargo como empresas de estos efectos de la revolución. 

Una pregunta atingente es ¿cuáles son las competencias que debemos desarrollar hoy para estar preparados con el talento necesario en el futuro?

Parte de la respuesta es contribuir a que los trabajadores, pero aún más, los jóvenes y los niños incluso, logren aprender nuevas destrezas, principalmente aquéllas que han sido menos preciadas en el pasado y en la educación tradicional hasta hoy: habilidades creativas, sociales, relación de trabajo con máquinas y desarrollo de ideas innovadoras. Por otra parte, los líderes deben hoy más que nunca entender y ejercitar la toma de decisiones en situaciones de incertidumbre y embarcarse en la resolución de problemas complejos. Sólo así habrá adaptación real. 

Una oportunidad aquí, es que las empresas se involucren en conjunto con las universidades y colegios en el desarrollo de estas nuevas habilidades prioritarias. Tal como señala Klaus Schwab, en su libro La cuarta revolución industrial, más que la falta de capital, será la falta de mano de obra la que frene el crecimiento, la innovación y la competitividad. Es decir, el talento se convierte en la forma dominante de ventaja estratégica.

Si miramos esta cuarta revolución industrial desde una perspectiva organizacional, una reflexión que emerge es acerca de los límites de lo que hasta hoy conocemos como “una organización”. Hasta hace poco era relativamente fácil diferenciar lo que estaba dentro y lo que estaba fuera de una organización. Hoy esos límites se han desdibujado. Los ámbitos que una organización (privada, pública y/o de la sociedad civil) debe hacerse cargo hoy, trascienden los límites del contrato laboral. Usando un término de Bauman, todo se ha vuelto más “líquido”.  Lo cierto es que hoy las organizaciones ya no sólo deben responsabilizarse de su gestión interna, sino también del impacto en su entorno.

Hay muchas preguntas que emergen desde esta perspectiva, sobre la manera de hacer negocios, cómo dirigir, organizar y financiar las empresas, quiénes son nuestros stakeholders, hasta dónde llega la cultura organizacional, entre muchas otras. Una pregunta central que hace de paraguas para las anteriores, es sobre la contribución de las organizaciones a la sociedad en su amplio sentido. 

Vemos que esta revolución industrial instala como consecuencia para las organizaciones, un entendimiento de su valor no sólo desde la generación de empleos o aumento del PIB, sino desde la generación de propósito y el aumento de un desarrollo entendido multidimensionalmente, podríamos decir un “nuevo PIB”, con criterios económicos por cierto, que se complementan con criterios medioambientales, humanos, culturales, de bienestar en su sentido más amplio, y que van a ir cambiando finalmente, el ethos de la sociedad.

Éste es justamente el propósito que tenemos en @Gudcompany, “mejores empresas y organizaciones para una mejor sociedad”, tenemos una visión de lo que creemos es “mejor” y vemos que la oportunidad que presenta esta llamada cuarta revolución industrial apunta a ampliar la definición de desarrollo, para las sociedades, las empresas y las personas. 

El impacto y la magnitud que puede alcanzar esta revolución aún es desconocido. Está en nuestras manos lograr el desarrollo de una conciencia acorde y a la altura de los desafíos. 

 


 

Schwab, K. (2016). La cuarta revolución industrial

Bauman, Z. (2007). Tiempos líquidos: vivir en una época de incertidumbre.

Suscríbete a nuestro newsletter.
Oficina Santiago (CL)
Presidente Riesco 5335, Of. 2103
Las Condes, Santiago de Chile